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A mí don Ricardo Saprissa me hizo espanyolista. El fue campeón en 1929, en Mestalla, y en 1932 se trasladó a Costa Rica. Me habló tanto de su querido Espanyol, que no tuve que pensármelo mucho para sumarme a este sentimiento. Era bonito verlo ya anciano, con la radio puesta, pendiente del resultado del fútbol español.
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